Es bonito

Es bonito ahora pensar en lo cotidiano, en esas pequeñas cosas que hacemos sin darnos cuenta. Recoger las monedas cuando te devuelven las vueltas, ir a por los niños a extra escolares a las 6, volver con la radio puesta y la ventanilla bajada, encontrarte a un amigo temprano y compartir café y confidencias.

Echo de menos los autobuses y el reflejo de los coches brillando en direcciones opuestas. Echo de menos el campo y subir entre rocas a gritar a los cuatro vientos con mi perra. 

Echo mucho de menos arreglarme cada mañana para salir a hacer mi vida.

Me apetece un atasco en la M30, que me aplasten dando un paseo por la Gran Vía. Cómo echo de menos un domingo de pueblo, una caña bien tirada, unas compras rápidas antes de que cierren. Esas prisas por no llegar tarde, los horarios, el ajetreo.

Siento vergüenza al pagar al cajero del súper, con mi compra excesiva y mi mascarilla. Me apetece decirle cómo estás, cómo lo llevas. Pero no me atrevo, a pesar de las ganas. 

Mientras vuelvo a casa en el coche, desde la radio me dicen que aún queda casi un mes, que no vamos a recuperar la normalidad en mucho tiempo. Las calles vacías y los parques cerrados  con cinta policial me lo confirman. Es una escena que no podríamos haber imaginado en ningún plan previo. 

Hacía cinco días que no salía de casa y cada semana parece que nos sumimos más en este sueño de la Bella Durmiente. Hechizados, dormidos a la espera de que alguien nos despierte del encantamiento y volvamos al mismo punto donde estábamos. 

Doy un último rodeo con el coche por una calle que no es la mía. Quiero terminar de escuchar la canción y aspirar algo más de vida, aunque sólo sean un par de minutos. 

Aparco y llamo a casa para pedir ayuda. La compra excesiva es demasiado para mí sola.

La era del entusiasmo

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Esta semana me ha costado más. 

Tras un rato escribiendo y borrando frases me he quedado con este inicio. Me ha costado más. He tenido momentos muy buenos, pero también bajadas profundas. Quizá me entiendas. Quizá tú lo sientas así. 

He ido recolectando muchas ideas dispersas. Las he desarrollado en mi mente, pero no he conseguido hilar fino. Me gusta ese ejercicio mental de pensar cosas dispares y tratar de darles un argumento conductor. De momento, va ganando hablar sobre el entusiasmo.

El entusiasmo es el gran olvidado de nuestro sistema de sentimientos. Es arduo encontrar personas entusiastas. Una persona entusiasta se entrega sin miramientos. Argumenta hasta el final porque cree en su idea. Eso no quiere decir que un entusiasta no escuche o razone. Un verdadero entusiasta adora la cooperación porque significa que ha conseguido entusiasmar a otros. Un buen líder entusiasta hablará desde el corazón y actuará con la mente, escuchará otras voces y las hará partícipes. 

Un buen entusiasta cambia de opinión, pide perdón, reconoce sus carencias. Se enfoca en un objetivo y ejerce tanta presión en su propósito que generalmente acaba consiguiendo lo que se propone. 

Creo que por eso, me ha costado más. Porque el entusiasmo baja cuando no controlas ni siquiera el suelo en el que pisas. Cuando todo cae por su propio peso, el entusiasmo flojea. Los objetivos a corto y medio plazo dejan de parecer tan urgentes, flojea el ánimo y pierdes foco. El entusiasmo siempre debe ir acompañado de foco, ya que sin él, no es efectivo. 

Vamos a necesitar toneladas de entusiasmo. De ese que no conoce límites porque cree ciegamente en su propósito. Tendremos que decir varias veces al día Yo creo, yo puedoTendremos que sacar nuestra mejor versión para vencer el vacío.

Hablaba Lipovetsky en La era del vacío del hombre postmoderno y narcisista. De la sociedad relajada que opera su seducción allá donde vamos, marcando un falso camino de libres elecciones. Nos hemos topado con esa mentira, pegados a un post de Instagram, pendientes de los likes mientras nos tenemos que mirar frente al espejo y decir; ¿Qué va a pasar ahora?

Tal vez consigamos crecer como especie, entender lo extremadamente increíble que es lo que hemos conseguido. Un mundo globalizado, capacitado para una conexión absoluta, con información en tiempo real. Un mundo con carencias, pero con muchas lecciones aprendidas. 

No tengo ni idea de qué va a pasar. Estoy perdida y a la vez, totalmente presente en este momento. 

Facebook, recuerdos y diarios.

Un día como hoy

Hoy es el cumpleaños de mi hija mayor. Ha cumplido 10 años, exactamente los mismos que llevo siendo usuaria de Facebook.

Y en ese día tan especial, Facebook me devuelve los recuerdos de los últimos nueve 16 de noviembre. Me asombra, me enternece y un montón de sensaciones y recuerdos extra se canalizan a partir de este fugaz encuentro. Porque los recuerdos que te devuelve Facebook sólo duran eso, un día como hoy.

Diarios

He escrito diarios desde que tengo la edad que hoy cumple mi hija. Los tengo todos guardados y me han acompañado en mis múltiples mudanzas y periplos vitales. Para mí son un tesoro. He aprendido sobre mí misma escribiendo y releyendo mis diarios. Alguna vez, me siento a leer recuerdos al azar y puedo verme de adolescente fumando en mi ventana o capturando un enfado puntual con mi madre. Son un viaje fascinante en el tiempo.

Tengo la impresión (y puedo equivocarme) de que todos los que nos dedicamos de un modo u otro a escribir, hemos tenido diarios o nos hemos escapado del mundo entre libros desde pequeños. Yo fuí hija única y en las largas tardes con mis abuelos (mis padres trabajaban mucho) recuerdo escribir historias, dibujar cómics y desahogarme o fantasear en las páginas de mi diario.

Timeline

De entre todas las cosas que me hacen amar las redes sociales hay una que sobresale y es esa capacidad de espejo, de diario en tiempo real. Cuando Facebook apostó por el timeline hace ya algún tiempo, en realidad ofreció una herramienta para la que los usuarios no estaban preparados ( y tal vez nunca lo estén). Un diario digital lleno de acontecimientos vitales, de registros personales. Tal vez no era el formato, ya que no se pueden categorizar de manera tan concreta todas las vivencias.

Precisamente los diarios son íntimos porque pueden contener esa masa informe que somos, ese ir y venir mental, sin necesidad de pensar en el juicio del otro. Esa es su belleza.

Dice Walter Benjamin en su famoso “Tratado sobre la fotografía” que el descubrimiento de la cámara obscura y su posterior triunfo en la sociedad burguesa, respondió a una verdadera necesidad por parte de las clases medias de autorretratarse. Familias con mejor nivel social y vital que querían ver su propio reflejo, verse desde fuera.

Yo estoy convencida de que las redes sociales responden a una necesidad social, un autoconocimiento que el hombre postmoderno e hiperindividualista, como diría Lipovetsky, necesita explorar. Autoconocimiento y relación con los otros en la era de la conectividad. Maravilloso.

Gracias Facebook, me encanta que me devuelvas mis recuerdos 😉