Bea C.

Bea era una canalla. Bea era yo.

Empezó como un experimento social media y se acabó apropiando de mí y tomando vida propia. Yo acabé siendo Bea sin darme cuenta. Mucha gente me llamaba Bea. Y me hacía tanta gracia que tardaba en decirles la verdad, me llamo Zule. Era un lío.

Me conocían por Facebook y cuando pasábamos a la vida real seguía siendo Bea.

Antes de que se pusiera de moda trabajar con buyer persona, ya se recomendaba que analizaras los distintos perfiles de tu comunidad en redes sociales. Por eso, en mi primer trabajo como community en una conocida discoteca, mi compañera Eva y yo diseñamos algunos arquetipos con post it en la pared. El resto del equipo se mofaba de nosotras, nos llamaban las CSI, porque intentábamos pensar en el público que  venía cada fin de semana y luego nos buscaba en Facebook el lunes.

Nos fue de una enorme utilidad y conseguimos entender la amalgama de público que tenía que hacer match con nuestro contenido.

Fake

El tema era que me recomendaron que hiciera perfiles falsos para dinamizar la cuenta con los distintos arquetipos. Hicimos varios perfiles además de Bea. También un chico, llamado Marcos Ruiz y una relaciones públicas explosiva llamada Sandrita Noche. Sandrita llegó a ser mítica y era una asidua de los grupos de Facebook y de los etiquetados masivos. Tenía una manera de expresarse provocativa y graciosa y fueron muchísimos los usuarios rendidos a sus pies con las consiguientes risas en la oficina.

Bea era la macarra que sale por clubs de música electrónica y que por casualidad acaba una noche en esta discoteca de pre- reggaetón y ligoteo. No tiene pelos en la lengua, sale todos los fines de semana, tiene una vida activa en redes sociales…

Eran tiempos de ingenuidad en las redes sociales. Cuando la gente aún se tragaba lo de los concursos y la interacción era muy distinta a como es ahora. Eran tiempos en orgánico. Nos ayudábamos de fakes porque eran extremadamente útiles. Nos abrían la puerta a entender el target, a hablar su lenguaje. Nos metíamos en grupos, chateábamos.

No teníamos ningún presupuesto fijo para hacer promoción, pero nos pedían resultados. Los usuarios de Facebook nos permitieron hacer fans, promocionar fiestas, hacer marca… nos lo tomábamos súper en serio, creábamos contenido diferenciado para cada perfil. No te imagines que éramos spamers. Éramos súper reales y eficaces en nuestro cometido de poner la discoteca de moda y mejorar su reputación online.

Batallitas

He utilizado a Bea para infinidad de cosas. Me ha acompañado en los principales proyectos en los que he trabajado relacionados con el ocio nocturno y la industria de la música. A través de mi actividad he conocido a muchísima gente interesante, un networking distinto al de LinkedIn, pero que me ha sido muy útil igualmente. Todo el mundo está relacionado con todo el mundo en la noche de Madrid.

Bea asumió mi lado más creativo e irreverente. Era mi experimento personal en el que demostraba que con el contenido adecuado, podía ser un personaje distinto en mi perfil personal y en el ficticio.

Ella es la prueba de que todos podemos ser lo que queramos ser en redes sociales si sabemos comunicarlo.

La clave estaba en entender la ecuación público – contenido. Cuando compartía ciertos contenidos relacionados con música electrónica o clubbing en mi perfil personal, notaba que no tenían engagement. Directamente mis amigos de Facebook no entendían qué era aquello, porque mi madre estaba mezclada con gente del instituto, con amigos de la infancia, con amigos roqueros que pasan de la electrónica, con mi prima…

Pero Bea estaba alineada a un nicho y su contenido estaba justificado. Creo que este principio es aplicable a una marca. Su mensaje tiene que estar alineado con su público y su comunidad para que pueda haber entendimiento, conversación e interés mutuo.

En el último proyecto en el que Bea me fue útil, me sentí un poco asqueada. Noté que la ingenuidad ha dado paso a otro nivel de interacción.

Me he hecho mayor, pensé, ya no estoy para esto.

Y es verdad, supongo que aquello fueron mis primeras aventuras en esta profesión y ya he pasado con creces la mili. Pero sin duda, este trabajo de campo fue mi primera inmersión en las redes sociales y se lo recomiendo a cualquier community que quiera aprender y sienta pasión por su trabajo como yo.

Niños de Instagram

Tengo a mis sobrinos en Instagram. Y a los hijos de mis amigos también. Se han hecho mayores y algunos tienen mucha más actividad (on line) que sus progenitores. Y es raro. Porque les gustan mis fotos (cosa que adoro) y yo siento que entro demasiado en su intimidad si veo sus contenidos. Sobre todo con los stories.  Lo retransmiten todo. Y es muy, muy raro.

Por si alguien no lo sabe estos niños- chicos hacen streaming de lo más cotidianos. No se montan parafernalias, no. Son ellos por la tarde en una casa cualquiera contando sus historias. Echándose zumo en un vaso. Encuadre de su cara en súper primer plano mientras lee los comentarios en tiempo real. Unos buenos, otros poniéndoles a parir, otros defendiendo al que graba de los ataques de los otros.

Cuando son pequeños como son ahora mis hijos, sienten una fascinación innata por teléfonos y tablets. Para ellos es igual que una droga, reciben una respuesta inmediata placentera que va directa al cerebro. Pero es un juego personal o compartido con unos pocos. Cuando llegan a la adolescencia ese juego se vuelve social/24H y la cosa se nos va de las manos. Están en la calle y conectados todo el tiempo, a pesar de estar en casa.

Me contaba un amigo este fin de semana que su hija había recibido amenazas a través de Instagram. A partir de este suceso, la niña había empezado a plantearse hasta qué punto estaba exponiéndose.

Los dos estuvimos de acuerdo en que son las mismas amenazas que podíamos sufrir nosotros, pero en formato digital. (Sí, vengo de un barrio de calles duras y había amenazas en la puerta del colegio día sí y día también). La diferencia es la amplificación que hoy en día pueden alcanzar pequeñas rencillas pre- adolescentes. Nosotros volvíamos a casa a las diez de la noche y hasta el día siguiente no había novedades, pero en la era Instagramer tu mala reputación puede convertirse en enorme en un abrir y cerrar de ojos. Ahora todo esto se ha vuelto menos controlable.

Yo recuerdo el día en que llegó a mi casa el teléfono inhalámbrico. Por fin era libre y no tenía que hablar en el pasillo o tirar del cable hasta mi cuarto. Aquello fue RE VO LU CIO NA RIO!!! Cuando tienes 14 años lo único que te importa es caer bien, gustar y estar con tus amigos por encima de cualquier otra cosa. Llegabas de pasar toda la tarde fuera de casa y te ibas directa al teléfono para seguir hablando con tus amigas o el novio de turno. Creo que si nos hubieran enseñado este futuro de hiperconectividad no hubieramos podido salir de nuestro asombro. Un auténtico sueño.

Para terminar esta cadena de ideas, quiero recalcar el término “exposición”. Creo firmemente que si nos formaran adecuadamente en la visualización y lectura de imágenes en la educación obligatoria podríamos asegurar mucho más el grado de exposición de los más jovenes. En este momento el bullying es de máxima actualidad y los colegios ofrecen talleres para padres y alumnos, pero no se habla de códigos visuales que de forma incontrolada pululan por la red, tv, medios digitales, etc. Esos son sus referentes (cantantes, futbolistas, influencers, Gran Hermaners…quizá no siempre el modelo adecuado) y presentan un alto valor semántico y connotativo en cada uno de sus posts.

Si no entendemos de una vez por todas que el simbolismo y la información que nos da una imagen de perfil es básico en la percepción que los demás se conforman al vernos, estamos pecando de ilusos y de irresponsables. ¿O acaso es lo mismo que tu hija se plante con morritos y medio desnuda en el baño o que pose con gafas en su mesa de estudio? ¿Es igual que tu hijo pose sin cabeza enseñando abdominales o que lo haga abrazando a su novia o novio en la puerta del Instituto? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra…

Proartso

La ONG

Si hay un proyecto en el que me he involucrado y he encontrado la total confianza y la valentía para crear una bravebrand, ha sido con esta ONG española con presencia internacional.

Proartso es una ONG independiente que pretende transformar la realidad social y medioambiental a través del arte. Formada por un equipo multicultural (España, Colombia, Inglaterra) de creadores en todas las ramas artísticas (realizadores, compositores, diseñadores, escultores, performances…) se ha posicionado a través de su trabajo en Ibiza y ha desarrollado ya proyectos en Barcelona, Colombia y Madrid. Si bien, actualmente prepara su expansión a Inglaterra, México y Miami.

Situación

Aunque conocía la actividad de Proartso por mi amistad con su fundadora, no era consciente de la enorme fuerza y valor diferenciador que esta ONG transmite. Su foco de acción se reparte en diferentes áreas, pero es evidente que tratan de transformar a través de la energía inagotable de la sensibilidad y la apertura de mentes que produce el arte en las personas.

Por esta razón, sus talleres, acciones y mensajes no han pasado desapercibidos para organismos tan importantes como la ONU, el Ayuntamiento de Barcelona o las administraciones locales de zonas desfavorecidas de Colombia.

Estrategia

Aunque inicialmente mi tarea era desarrollar un plan de marketing, finalmente he asumido la dirección de estrategia y he de decir que es la primera vez que tengo esta gran oportunidad. Me siento agradecida por tanta confianza y espero estar a la altura.

Proartso necesitaba identificar mejor la estructura interna del equipo y la asignación de tareas. Por ello, planteamos desde el inicio tener una herramienta de gestión interna que se pudiera administrar de manera central. Elegimos Asana y comenzamos a crear un workflow estable que pudiera dar salida a los proyectos.

En paralelo, hemos invertido muchísimas horas en repensar Proartso desde todas las perspectivas posibles, definiendo por el camino la imagen de marca, la presencia y la comunicación que esta ONG debe tener a diferentes niveles.

Otra de las tareas importantes ha sido definir el producto. Es decir, diseñar y catalogar de forma completa cada una de las acciones que desarrolla la entidad tanto para empresa privada como pública, así como las iniciativas que de manera autónoma lleva a cabo Proartso en el ámbito de la transformación ecológica y social.

El futuro

Es pronto para poder hablar de resultados. Tras un intenso mes de trabajo, tenemos un flujo de trabajo estable en el cada miembro de la organización entiende la jerarquía de desarrollo de proyectos. La comunicación ahora es fluida entre departamentos (en diferentes y muy lejanas partes del mundo).

Hemos establecido nuevas prioridades y catalogado cada una de las actividades en las que podemos involucrarnos, permitiendo de esta manera, plantear una estrategia a corto, medio y largo plazo.

Avanzamos ya a buen ritmo en un nuevo site, una nueva estrategia de contenidos alineada a SEO (claramente esto hay que posicionarlo en orgánico) y a la difusión del proyecto a través de los canales de marketing digital.

Proartso no sólo es un gran proyecto para un profesional creativo y estratégico como yo. Es una oportunidad por apostar por un mundo mejor, más responsable, más limpio, más respetuoso. Creo en el poder transformador del arte (por algo estudié Bellas Artes) y creo que el destino me ha traído hasta Proartso para contribuir con mi granito de arena en algo mucho más grande.

 

Emisor, receptor y ventanas de un tren

En las últimas semanas y por razones diversas, mi pareja no tiene móvil inteligente. No tiene WhatsApp, no tiene redes sociales, no puede hacer consultas en Google. Y el pasado viernes, mientras tomábamos un café después de comer, me confesó que sentía cierto alivio. Se daba cuenta de que tenía más libertad, que acumulaba más tiempo y sobre todo, que podía andar por la calle mirando en todas direcciones.

Al coger el autobús se daba cuenta de que ya nadie miraba a nadie. Ni siquiera la gente más mayor, ahora todos mamporrean el móvil. Yo también me he fijado en los pocos libros que se ven en el transporte público, donde absolutamente nadie lleva ya periódicos (yo me hacía la línea 6 entera hasta Ciudad universitaria aplastando el periódico, que llegaba arrugado al destino junto a mis manos ennegrecidas por la tinta). Nadie mira por la ventana.

El hilo de la conversación nos llevó a los contenidos que consumimos. A los comentarios que puedes leer en las redes, donde el anonimato permite el escarnio y el insulto. A la amalgama de información que genera noticias absurdas, modas en internet, corrientes que dan cabida a todo tipo de basura cultural.

Y es que podemos ponernos como queramos, pero la libertad que genera internet a la hora de acceder a la información, genera también toneladas de basura, de detritus cultural que es absorvido y redigerido hasta convertirse en eso, en auténticas montañas de basura desinformativa.

El problema del contenido personalizado es que eres tú quien activamente buscas, seleccionas y decides qué entra en tu parrilla. Y eso requiere saber qué buscar y dónde. Y somos muy vagos. Procastinamos todo el tiempo, absorvemos gatitos y bebés mezclados con vídeos terribles de niños bombardeados. Nos quedamos tan anchos entre la decoración navideña, la muerte de Rita Barberá y el último gif cachondo. Ya no esperamos a ver qué echan porque nos creemos invencibles al saber que podemos tener todo, ver todo, digerir todo.

El filósofo Jose Luis Pardo en su alucinante obra “La intimidad” (Ed. pre- textos, 2003) dice:

“El emisor ha muerto. Se ha eclipsado por falta de actos de referencia, es imposible dirigirse a él o designarlo. El destinatario se desvanece por el motivo contrario: todas las imágenes se refieren a él, le invocan, le nombran y solicitan. Y como las antiguas estatuas de los peregrinos, que se degradan más y más con cada toque, así le ocurre al destinatario. Finalmente, dejará de existir por excesos de actos de referencia

Como bien sugiere el autor en su libro, hemos pasado de una comunicación despótica a creer en otra democrática, en la que todo depende de la ciega dictadura de las audiencias. Y nos hemos convertido en transformadores de información que digieren miles de toneladas diarias de noticias informes. Detritus cultural.

Sería maravilloso volver a salir a la calle mirando al frente con el smartphone guardado en el bolsillo. Volver a mirar descaradamente al que tienes al lado en el autobús, tratando de adivinar de dónde viene, adonde va, qué le pasará por la cabeza. Mirar por la ventana del tren y percibir detalles desconocidos, pinceladas evocadoras y sin importancia que nos devuelven a la esencia. Rayos de sol contra el cristal, alguien sacudiendo la manta por el balcón, niños en un patio de colegio, un perro ladrando…

 

Marketing digital y alumnos de Bellas Artes.

Qué haces aquí?

A menudo me preguntan qué hace una persona de Bellas Artes en esto de las redes sociales y el marketing digital. Me encanta que me lo pregunten, porque da pie a poder explicar que un timeline es una obra de arte. Sí, para mí lo es. Cada uno de los posts debe ser perfecto y encajar con el anterior y el siguiente. Son como piezas de un collar, todas iguales y diferentes, únicas y necesitadas las unas de las otras para ser un todo perfecto.

Otra de las cosas que me gusta explicar, si la situación lo permite, es que independientemente de que acabes pintando o esculpiendo o dedicando tu tiempo a generar follows, el rasgo que distingue a un estudiante salido de la facultad de Bellas Artes es su capacidad profesional de analizar imágenes. Cualquier tipo de imagen, tradicional, artística o publicitaria.

María Acaso

En el primer año de carrera tuve una asignatura obligatoria, Didáctica de la expresión plástica, impartida por la súper estimulante María Acaso. Y aquella asignatura tuvo una influencia en mí mayor que casi todas las demás, porque se trataba de una verdadera apertura de ojos, mente y analítica. Proponía una metodología de lectura de la imagen adaptable a cada alumno. A partir de unas sencillas claves, de repente, cualquier imagen mostraba su verdadero ser.

Y es que tanto el arte como la publicidad nos muestran imágenes que parecen ser algo y en realidad son mucho más, María lo llamaba la hiperrealidad. Y no deja de ser alucinante que en un mundo tiroteado por todo tipo de imágenes, no nos enseñen a leerlas de manera correcta en ninguno de los niveles obligatorios de educación.

Gracias a este entrenamiento podemos trabajar en publicidad con la seguridad de que sabemos qué nos quieren contar en realidad y la posibilidad de generar esos mismos códigos visuales a través de nuestra formación práctica en crearlos.

Visual makers

Volviendo al marketing online y social media, un profesional que viene de las Bellas artes trae de serie la capacidad de dirigir creativamente. Lo visual está en su ADN. Y además es capaz de dar unidad, sentido, crear un concepto que se engarce a la marca.

Un profesional con formación en Bellas Artes es capaz de generar contenido, estrategia y hacer un análisis profundo de los resultados, porque gran parte de su carrera consiste en crear contenido en torno a un concepto. Buscamos información, analizamos, enlazamos macro-ideas para llegar a micro- argumentos. Tenemos que saber escribir y presentar nuestras ideas con argumentos sólidos que dirijan a un objetivo, un porqué de las cosas. Creamos nuevos porqués y nuevos cauces para el pensamiento.

Un profesional con formación en Bellas Artes puede ser muy bueno haciendo storytelling porque una de nuestras pasiones es crear historias. Somos capaces de ver más allá, porque la creatividad es una llave para generar espacios de reflexión donde antes no existían, un vehículo para coger una idea y llevarla donde nunca se hubiera imaginado.

En definitiva, la creación de una marca requiere de creatividad, análisis, metodología aplicada en las diferentes fases. Dar visibilidad a esa marca hace necesario saber hacerla crecer, evolucionar, adaptarse. Hay que tener suficiente cultura general como para entender el flujo del mercado y los nichos donde es crucial posicionarla. Hay que ser capaz de entender las necesidades y adelantarse. Hay que crear todo un universo en torno a ella, exactamente igual que cuando te enfrentas a una idea para hacer realidad un proyecto artístico.

Recuerdo un profesor que tuve en la Escuela de Arte que nos decía siempre la inmensa cantidad de imágenes a las que estábamos sometidos de manera constante. (Piénsalo, cuántos productos visuales te llegan a lo largo del día). Cientos o incluso miles. Este profesor nos daba técnicas de grabado y lo que más le gustaba eran pequeños trabajos a tinta negra. Algo pequeño, sincero, matérico. Nosotros, como estudiantes primerizos queríamos grandes obras, formatos abusivos, cinco tintas, técnicas mixtas… ahora han pasado bastantes años y cada vez entiendo mejor lo que nos quería decir. La grandeza de las cosas no está en un tamaño imponente o en un aluvión de colorines, sino en la sinceridad, en la autenticidad de lo que haces. Eso es algo que intento hacer cada día en mi trabajo. Cositas bien hechas sea cual sea el tamaño, excelencia en cada post, como en una obra de arte. Como pequeños dibujos abstractos donde el papel y la tinta dialogan en una conversación atemporal.