Las mandarinas del abuelo

24 octubre, 2018 by in BraveBrands

Casualidades

Nunca dejará de sorprenderme la serendipia. Ni siquiera conocía esta palabra hasta hace poco y es curioso, porque casi toda mi vida profesional ha girado en torno a fabulosas casualidades.

Conocí a Elisenda  en un cumpleaños infantil al que habían invitado a nuestros respectivos hijos y el flechazo fue mutuo. Esta increíble mujer catalana tiene tres hijos muy pequeños y una pasión tremenda por todo lo que desarrolla. Me contó que tenía unas tierras que había heredado de su familia. Están en Tortosa, provincia de Tarragona. Y allí cultivan, desde que las heredó su abuelo en los años 50, las mejores mandarinas que existen.

 

Quería testear el producto en Facebook y crear una marca, ya tenía una página web medio hecha y unos diseños corporativos de etiqueta. Quedamos en hablar esa misma semana.

Una historia emocionante

La razón por la que decidí colaborar con ella fue porque el storytelling que intuía en aquel proyecto era una maravilla. Me envió fotos antiguas de las tierras y de los abuelos Franquet. Me fascinó por completo. Podía adivinar que si me hacía caso, si verdaderamente decidía seguir el camino bravebrand, aquello era un productazo.

Elisenda confió en mi criterio y me dejó trabajar desde abajo, cogiendo aquella historia y desarrollando un pequeño relato de marca en el que hacíamos partícipe al lector, buscando su reinterpretación. Queríamos que pudieran oler y sentir estas mandarinas, recordar la infancia, volver a esos recuerdos que todos tenemos asociados al olor de la fruta, los abrazos infantiles y los rayos de sol rozando en la cara. Creamos la historia del pasado y la del presente, la historia de los herederos del abuelo Franquet.

 

Trabajamos los contenidos en esta parte y definimos en paralelo las fotos que iban a lanzar el producto en Facebook. También optimizamos la experiencia de usuario en la web, priorizando la historia sobre la compra directa.

La fruta de verdad

Los resultados fueron espectaculares. Hicimos un calendario de 5 posts con una promoción super simple de interacción y segmentado a capitales de España. Tal como me imaginaba el engagement fue increíble, lo que permitió abaratar el gasto y redirigir mucho tráfico a la web. La historia realmente caló y fue emocionante leer los comentarios en los que la gente compartía sus historias de infancia y los recuerdos en torno al olor de la buena fruta, la fruta de verdad.

Este proyecto ejemplifica a la perfección que hoy en día el storytelling puede ser un activo de venta poderoso. Un valor diferencial que puede hacer destacar un producto nuevo de entre la inmensa cantidad de mensajes que se superponen a diario en la red.

Se sigue infravalorando la capacidad de la generación de historias en el branding como herramienta para el marketing, por su supuesta incapacidad de ser medido. Pero estoy segura de que la campaña de las Mandarinas del abuelo no hubiera rendido tanto con un presupuesto tan ajustado si se hubiera utilizado una creatividad típica, en la que no se apelara a los sentidos, a las historias de familia y la honestidad de lo que es auténtico.