Kampaii

3 octubre, 2018 by in BraveBrands

Cómo empezó

Conocí a los chicos de Kampaii por un colaborador común. Estaban ya moviendo la app a nivel comercial y querían incluir el espacio para eventos en el que yo trabajaba. Se trataba de una app móvil dirigida a usuario final con la que podías comprar copas y entradas para discotecas con descuento. Había una labor comercial por detrás muy ardua, ya que debían operar B2B y convencer al complicado empresario de la noche para que implementara de manera interna su sistema.

Meses después vi una oferta en Domestika para responsable de marketing y llamé directamente a Manuel, el director comercial, a quien ya había conocido, para cerrar una entrevista.

Estos chicos eran duros. No se conformaron con mis recomendaciones y mi currículum. Tuve que hacer una propuesta específica y venderla delante de sus inversores y equipo. Había otros candidatos. Pero yo estaba muy decidida a conseguirlo y centré mi propuesta en el cambio conceptual de la marca que realmente no era acertado. Habían desarrollado, junto a una agencia de publicidad, una idea poco adecuada y mi primera tarea fue desmontar todo esto y crearlo de cero.

Fui la primera en hacer la presentación y según llegué a casa me llamaron para empezar de inmediato. Era un 7 de enero y el 11 ya estaba en su oficina.

Aquello era el mayor reto al que me había enfrentado. No sólo porque no tenía experiencia en adquisición de usuarios en mobile, sino porque realmente necesitaban a alguien que cogiera aquel barullo y lo convirtiera en un verdadero  flujo de trabajo con objetivos reales de marketing.

Win to Win

Recuerdo el primer día que presenté la estrategia ante todo el equipo. Había estado todo el fin de semana trabajando en ello y le puse un título gigante que ocupaba toda la primera diapositiva. ESTRATEGIA WIN TO WIN. Teníamos que abordar muchos cambios y de manera muy ágil. Me miraron sorprendidos, pero conseguí que me tomaran en serio. Y así empezó todo.

Hicimos muchas cosas chulas y todos aprendimos más de lo que esperábamos. Éramos un gran pequeño equipo con ganas de hacer las cosas muy bien. La clave fue trabajar con metodología agile, definiendo y planificando muy bien los hitos que había que alcanzar. Pero sobre todo, la clave fue la manera en cómo nos alineamos todos los departamentos y miembros del equipo. Me gusta pensar que aun siendo pequeños lo hicimos tan bien como los grandes.

La marca se renovó por completo. A nivel de contenidos conseguí crear un método que maximizaba los resultados, con piezas versátiles que se adaptaban a una entrada de blog o un newsletter. Creativamente éramos imparables.

Conseguimos en tiempo récord rehacer una web pobre y convertirla en un potente buscador estructurado con ofertas semanales atractivas para el usuario. A nivel SEO trabajamos duro.

En cuanto al flujo de usuario y la automatización realmente lo hicimos muy bien. Segmentamos la oferta por edad y gustos, hicimos la app dinámica para que cada fin de semana fuera distinta y atrajera a la compra. Creamos mil tipos de push con testings A/B.

Colaboramos con micro influencers en eventos muy pequeños en los locales con los que ya trabajamos. Los resultados fueron muy buenos a nivel de contenidos y adquisición de usuarios.

Bye Bye inversores

Cuando ya estábamos planteando una expansión nacional con diferentes partners, los inversores se echaron atrás. Justo cuando aquello estaba a punto de tener futuro, tuvimos que abandonar el proyecto.  La pena fue inmensa, ya que habíamos trabajado muy duro y el equipo estaba cohesionado. A veces los inversores se van cuando tienen que quedarse.

Pero estas son las cosas que tiene el mundo del emprendimiento. No me arrepiento de haber tomado este riesgo y haberlo convertido en una oportunidad para formarme como la profesional que soy a día de hoy. Además, hice buenos amigos…