Es bonito

17 abril, 2020 by in Pensamiento

Es bonito ahora pensar en lo cotidiano, en esas pequeñas cosas que hacemos sin darnos cuenta. Recoger las monedas cuando te devuelven las vueltas, ir a por los niños a extra escolares a las 6, volver con la radio puesta y la ventanilla bajada, encontrarte a un amigo temprano y compartir café y confidencias.

Echo de menos los autobuses y el reflejo de los coches brillando en direcciones opuestas. Echo de menos el campo y subir entre rocas a gritar a los cuatro vientos con mi perra. 

Echo mucho de menos arreglarme cada mañana para salir a hacer mi vida.

Me apetece un atasco en la M30, que me aplasten dando un paseo por la Gran Vía. Cómo echo de menos un domingo de pueblo, una caña bien tirada, unas compras rápidas antes de que cierren. Esas prisas por no llegar tarde, los horarios, el ajetreo.

Siento vergüenza al pagar al cajero del súper, con mi compra excesiva y mi mascarilla. Me apetece decirle cómo estás, cómo lo llevas. Pero no me atrevo, a pesar de las ganas. 

Mientras vuelvo a casa en el coche, desde la radio me dicen que aún queda casi un mes, que no vamos a recuperar la normalidad en mucho tiempo. Las calles vacías y los parques cerrados  con cinta policial me lo confirman. Es una escena que no podríamos haber imaginado en ningún plan previo. 

Hacía cinco días que no salía de casa y cada semana parece que nos sumimos más en este sueño de la Bella Durmiente. Hechizados, dormidos a la espera de que alguien nos despierte del encantamiento y volvamos al mismo punto donde estábamos. 

Doy un último rodeo con el coche por una calle que no es la mía. Quiero terminar de escuchar la canción y aspirar algo más de vida, aunque sólo sean un par de minutos. 

Aparco y llamo a casa para pedir ayuda. La compra excesiva es demasiado para mí sola.