Bea C.

1 octubre, 2018 by in Pensamiento

Bea era una canalla. Bea era yo.

Empezó como un experimento social media y se acabó apropiando de mí y tomando vida propia. Yo acabé siendo Bea sin darme cuenta. Mucha gente me llamaba Bea. Y me hacía tanta gracia que tardaba en decirles la verdad, me llamo Zule. Era un lío.

Me conocían por Facebook y cuando pasábamos a la vida real seguía siendo Bea.

Antes de que se pusiera de moda trabajar con buyer persona, ya se recomendaba que analizaras los distintos perfiles de tu comunidad en redes sociales. Por eso, en mi primer trabajo como community en una conocida discoteca, mi compañera Eva y yo diseñamos algunos arquetipos con post it en la pared. El resto del equipo se mofaba de nosotras, nos llamaban las CSI, porque intentábamos pensar en el público que  venía cada fin de semana y luego nos buscaba en Facebook el lunes.

Nos fue de una enorme utilidad y conseguimos entender la amalgama de público que tenía que hacer match con nuestro contenido.

Fake

El tema era que me recomendaron que hiciera perfiles falsos para dinamizar la cuenta con los distintos arquetipos. Hicimos varios perfiles además de Bea. También un chico, llamado Marcos Ruiz y una relaciones públicas explosiva llamada Sandrita Noche. Sandrita llegó a ser mítica y era una asidua de los grupos de Facebook y de los etiquetados masivos. Tenía una manera de expresarse provocativa y graciosa y fueron muchísimos los usuarios rendidos a sus pies con las consiguientes risas en la oficina.

Bea era la macarra que sale por clubs de música electrónica y que por casualidad acaba una noche en esta discoteca de pre- reggaetón y ligoteo. No tiene pelos en la lengua, sale todos los fines de semana, tiene una vida activa en redes sociales…

Eran tiempos de ingenuidad en las redes sociales. Cuando la gente aún se tragaba lo de los concursos y la interacción era muy distinta a como es ahora. Eran tiempos en orgánico. Nos ayudábamos de fakes porque eran extremadamente útiles. Nos abrían la puerta a entender el target, a hablar su lenguaje. Nos metíamos en grupos, chateábamos.

No teníamos ningún presupuesto fijo para hacer promoción, pero nos pedían resultados. Los usuarios de Facebook nos permitieron hacer fans, promocionar fiestas, hacer marca… nos lo tomábamos súper en serio, creábamos contenido diferenciado para cada perfil. No te imagines que éramos spamers. Éramos súper reales y eficaces en nuestro cometido de poner la discoteca de moda y mejorar su reputación online.

Batallitas

He utilizado a Bea para infinidad de cosas. Me ha acompañado en los principales proyectos en los que he trabajado relacionados con el ocio nocturno y la industria de la música. A través de mi actividad he conocido a muchísima gente interesante, un networking distinto al de LinkedIn, pero que me ha sido muy útil igualmente. Todo el mundo está relacionado con todo el mundo en la noche de Madrid.

Bea asumió mi lado más creativo e irreverente. Era mi experimento personal en el que demostraba que con el contenido adecuado, podía ser un personaje distinto en mi perfil personal y en el ficticio.

Ella es la prueba de que todos podemos ser lo que queramos ser en redes sociales si sabemos comunicarlo.

La clave estaba en entender la ecuación público – contenido. Cuando compartía ciertos contenidos relacionados con música electrónica o clubbing en mi perfil personal, notaba que no tenían engagement. Directamente mis amigos de Facebook no entendían qué era aquello, porque mi madre estaba mezclada con gente del instituto, con amigos de la infancia, con amigos roqueros que pasan de la electrónica, con mi prima…

Pero Bea estaba alineada a un nicho y su contenido estaba justificado. Creo que este principio es aplicable a una marca. Su mensaje tiene que estar alineado con su público y su comunidad para que pueda haber entendimiento, conversación e interés mutuo.

En el último proyecto en el que Bea me fue útil, me sentí un poco asqueada. Noté que la ingenuidad ha dado paso a otro nivel de interacción.

Me he hecho mayor, pensé, ya no estoy para esto.

Y es verdad, supongo que aquello fueron mis primeras aventuras en esta profesión y ya he pasado con creces la mili. Pero sin duda, este trabajo de campo fue mi primera inmersión en las redes sociales y se lo recomiendo a cualquier community que quiera aprender y sienta pasión por su trabajo como yo.